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Archive for the ‘Capítulo III’ Category

Subrayado:

– Ya no tienen  con qué matar a nadie -dijo.

– No es por eso -dijo Clotilde Armenta-. Es para librar a esos pobres muchachos del horrible compromiso que les ha caído encima.

p. 68, 4º párrafo

Comentario:

Yo pienso lo mismo que Clotilde, porque en mi opinión los gemelos no querían matar a Santiago Nasar, estaban obligados a matarle.

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SUBRAYADO

(…) hasta que mi hermana la monja entró en el dormitorio tratando de ponerse el hábito a la carrera, y lo despertó con su grito de loca:
-¡Mataron a Santiago Nasar!

Página 83, línea 11

COMENTARIO

La primera razón por la cual lo he subrayado es que me hizo mucha gracia que la monja entrara en el dormitorio como una loca e intentando vestirse gritando que habían matado a Nasar. Por otro lado, no entiendo porque está tan sorprendida de que le hayan matado. Ella ni nadie más deberían estarlo, ya que todos menos Nasar sabían que lo iban a matar de antemano.

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El Párroco y su opinión

Subrayado:

Ambos estaban exhaustos por el trabajo bárbaro de la muerte, y tenían la ropa y los brazos empapados y la cara embadurnada de sudor y de sangre todavía viva, pero el párroco recordaba  la rendición como un acto de gran dignidad.

Pág. 59

Comentario:

He subrayado este fragmento porque me parece extraño que la Iglesia sea la que dice siempre que la vida es sagrada, y que al cura del pueblo le parezca bien porque lo han hecho por  dignidad

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